
Son tantas las emociones negativas que interfieren en nuestra vida cotidiana que muchas veces son difíciles de entender al no conocerlas adecuadamente. Una de ellas, es el llamado “apego”, y consiste en la errónea convicción de que las cosas no pueden cambiar, que todo debe permanecer estático en el tiempo. Significa aferrarse a “algo” y centrar todas tus energías y vida en ello. En resumen, es la no aceptación al transcurso natural de la existencia: el cambio.
El apego emocional y su encadenamiento a una cosa material o una persona provoca que creamos que sin nuestro objeto de entrega no podremos ser felices. Miedo, ansiedad y sufrimiento en vano empañarán nuestro días de muchas lágrimas. Por ello, es importante fomentar en nosotros la autonomía emocional, buscar actividades que nos llenen, conocer nuevas personas y comprender que la separación es ley universal, tajante en todo caso.
Igualmente, una persona sin apego es capaz de amor con más sinceridad que una con apego: acepta la vida y las relaciones con una actitud que incita a estar con ellas y a intentar hacerlas felices. Siempre es más atractiva una persona con autoestima que respete el espacio de su compañero, que otra cargada de miedos.
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