La Navidad es muchas veces sinónimo de grandes cenas y comidas.
Y de empacho.
Después de los grandes atracones navideños, las consecuencias son muchas veces problemas estomacales, ardores o acidez de estómago, diarreas y náuseas.
Yo todo por culpa de los excesos, que rompen con los hábitos de vida cotidianos, a los que estamos acostumbrados.
La Asociación para el Autocuidado de la Salud (Anefp) nos advierte de las consecuencias de las grandes comilonas que nos esperan en estas fechas.
Rafael García Gutiérrez, su director general, recomienda que comamos despacio y masticando bien. Además, es aconsejable no excederse en la ingesta de alcohol y no ingerir comidas demasiado frías o calientes.
Por otra parte, siempre es conveniente tener a mano un antiácido. Si necesitas uno, deberás tomarlo una hora después de la comida. Así, permanecerá más tiempo en tu estómago, con lo que conseguirás que dure más tiempo su efecto de protección.
Los más habituales son el bicarbonato sódico, las sales de magnesio y aluminio, y el carbonato cálcico; así que hazte con uno… ¡más vale prevenir que curar!
Foto de flickr








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