
Muchas veces, los niños y niñas pequeños, cuando son desobedientes, nos sacan de quicio. Tanto, que nos dejamos la garganta gritándoles que se porten bien o incluso se nos puede ir la “mano”. Pero no es la solución. Los gritos o el castigo físico no ayudan a que el niño/a asimile bien que su comportamiento no es el adecuado, pero tampoco podemos dejarles que hagan lo que quieran, o se volverán personitas insoportables y caprichosas.
Sin embargo, si nos pasamos, creerán que la violencia es la única forma de resolver los problemas, que no existe otra alternativa. Esto les puede bloquear y no podrán idear otras soluciones a sus problemas. Es muy importante intentar razonar con el niño/a qué está bien o mal e imponerle los límites explicándoselos.
Los niños y niñas tienen derecho a sentir autonomía para desarrollarse; los gritos o bofetadas callan, pero no educan. Las situaciones se tornan más insostenibles, si cabe, al adoptar esta actitud como única forma de educación. Se sentirán rechazados y menos queridos, y estamos seguras que eso es lo menos que queremos que perciban de nosotros. La violencia genera violencia y es un círculo vicioso que debemos evitar por todos los medios.
Foto | Desarrollo







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