
Siempre que voy al médico hay muchos niños por allí para vacunarse, y la verdad es que me da un poco de pena cuando se las ponen, porque salen llorando a mares y siempre pienso “pobres, les debe de doler mucho”, pues bien, un estudio de investigadores canadienses, australianos y brasileños ha descubierto que el bebé que va con un poco de azúcar en el cuerpo antes del pinchacito lloraban mucho menos.
Hicieron catorce estudios y en trece de esos estudios los científicos hallaron que los bebés que recibieron un poco de solución azucarada, frente a los que no recibieron nada, lloraban menos después de la vacuna.
“Los profesionales de la salud responsables por administrar vacunas deberían pensar en usar la sacarosa o la glucosa durante los procedimientos dolorosos”, dijeron Denise Harrison, autora del estudio, y sus colegas del Hospital para Niños Enfermos de Toronto.
“Esta información es importante para los profesionales de la atención de la salud que trabajan con bebés en ambientes ambulatorios y hospitalarios, pues las soluciones dulces son fáciles de obtener, resultan analgésicas en corto tiempo, no cuestan mucho y son fáciles de administrar”.
El informe recomienda a los médicos que piensen en darle algo dulce antes de las vacunas a los bebés entre un mes y un año de edad.
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